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Frases célebres de Wolfgang Amadeus Mozart
21 frases
Lo más necesario, difícil y principal en la música, es el tiempo.
No me interesa la alabanza o crítica, me basta con seguir mis propios sentimientos.
La música es el único camino hacia lo trascendente.
La melodía es la esencia de la música.
Si Alemania, mi patria querida, de la cual usted sabe me siento orgulloso, no me acepta, entonces debo, en nombre de Dios, quedarme en Francia o Inglaterra y sentirme avergonzado de Alemania como nación.
Lo único que me disgusta de Salzburgo, y se lo digo de todo corazón, es que no se pueda establecer ninguna relación social apropiada con esa gente, y que la música no tenga mejor reputación y que el arzobispo no tenga fe en las personas inteligentes que han viajado.
Si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza.
La muerte, para llamarla por su nombre, es la real finalidad de nuestra vida. Por ello es que de unos años a esta parte he hecho relación con esta verdadera amiga del hombre.
Sólo hay una cosa peor que una flauta, dos flautas.
Un cura es capaz de cualquier cosa.
Es un error pensar que la práctica de mi arte se ha vuelto fácil para mí. Le aseguro, querido amigo, nadie estudia tanto como yo.
Después de Dios está papá.
Dadme el mejor piano de Europa, pero con un auditorio que no quiere o no siente conmigo lo que ejecuto, y perderé todo el gusto por la ejecución.
A mi perro Pimperl dele usted una porción de tabaco español, un buen pan y tres besitos.
Si te contara todo lo que hago con tu querido retrato te reirías. Por ejemplo, cuando lo saco de su calabozo, le digo: ¡buen día, tesoro! , buen día, buen día; mocosa, pícara, nariz de punta, chichecito.
En una ópera, la poesía por fuerza ha de ser hija obediente de la música.
Nadie puede medir sus propios días, hay que resignarse. Sucederá como desee la providencia.
Nuevos amigos, nuevos dolores.
Sin embargo, las pasiones, violentas o no, nunca deben expresarse de tal manera que lleguen al punto de causar repugnancia; y la música, incluso en las situaciones de mayor horror, nunca debe ser dolorosa para el oído, sino que debe halagarlo y encantarlo, y por lo tanto siempre seguir siendo música.
La poesía ha de ser la hija obediente de la música.
Es un gran consuelo para mí recordar que el Señor, a quien me había acercado con fe humilde e infantil, ha sufrido y muerto por mí, y que me mirará con amor y compasión.