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Frases célebres de Thomas Hobbes

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El hombre es un lobo para el hombre La ociosidad es la madre de la filosofía Que cada hombre reconozca a su prójimo como a su igual por naturaleza. El quebrantamiento de este precepto es el orgullo. Ninguna injusticia puede convertirse en norma de juicio. Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación. La risa no es más que la gloria que nace de nuestra superioridad. La ley primera y fundamental de la naturaleza es buscar la paz. La elocuencia es poder, porque tiene aspecto de prudencia. El miedo y yo nacimos gemelos. Cuando los hombres construyen sobre falsos cimientos, cuanto más construyan, mayor será la ruina. La vida es un perpetuo movimiento que, si no puede progresar en línea recta, se desenvuelve circularmente. Esa norma privada para definir el bien no sólo es doctrina vana, sino que también resulta perniciosa para el Estado público. La base de todas las sociedades grandes y duraderas ha consistido, no en la mutua voluntad que los hombres se tenían, sino en el recíproco temor. ¿Después de tamaña barbaridad qué se puede decir? Las ideas estimulan la mente. Los favores obligan, y la obligación es una esclavitud. Cuando dos hombres desean la misma cosa que no pueden gozar juntos se convierten en enemigos. El Mesías fue las dos cosas, mucho cabrío sacrificado y mucho cabrío de escape. La guerra no consiste sólo en la batalla sino en la voluntad de contender. Julio César y otros emperadores que vinieron después de él obtuvieron ese mismo testimonio, es decir, fueron canonizados como santos. Hay muy pocos que sean tan necios que no prefieren gobernarse a sí mismos antes que ser gobernados por otros. La desigualdad que ahora existe ha sido introducida por las leyes civiles. A una justicia igualitaria corresponde también una igualitaria aplicación de impuestos… No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos. Una democracia no es en realidad más que una aristocracia de oradores, interrumpida a veces por la monarquía temporal de un orador. Las nociones de rectitud e ilicitud, justicia e injusticia, no tienen lugar en la guerra. En la naturaleza del hombre encontramos tres causas principales de querella: la competencia, la desconfianza y la gloria. A veces un hombre desea conocer el resultado de una acción, y entonces piensa en una acción parecida y en los resultados sucesivos a que ésta dio lugar, en la suposición de que acciones semejantes se seguirán de resultados semejantes. Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad. Los paganos también tenían sus saturnalias, y nosotros tenemos carnavales. Los que aprueban una opinión, la llaman opinión; pero los que la desaprueban la llaman herejía. Más aquel a quien, bajo promesa de obediencia la vida y la libertad será entonces conquistado y se convertirá en súbdito. La sumisión de los súbditos a su soberano se entiende debe durar tanto y no más, cuando a éste le dura el poder para protegerlos. Los impostores no necesitan estudiar mucho las causas naturales, sino que les basta con servirse de la común ignorancia, estupidez y superstición de la humanidad. De la igualdad de habilidades surge la igualdad de esperanzas en el logro de nuestros fines. Estoy a punto de emprender mi último viaje; voy a dar el gran salto en la oscuridad. Cristo no ha dejado a sus ministros de este mundo, a menos que estén también dotados de autoridad civil, ninguna autoridad para mandar a otros hombres. Los ocios del descanso son los padres de la Filosofía. Al miedo de un poder invisible, fingido por la mente o imaginado a partir de historias que han sido aceptadas por el público, lo llamamos religión; si no han sido aceptadas, superstición. ¿Cómo podrá un hombre que no ha tenido una revelación sobrenatural asegurarse de que el que declara esa ley lo ha hecho por revelación? Y, ¿cómo podrá estar obligado a obedecer esas leyes? Cuando un hombre, por causa de su aspereza natural, pretende retener lo que, siendo superfluo para él, es necesario para los demás, y, debido a la terquedad de sus pasiones, no puede corregirse, habrá de ser expulsado de la sociedad por constituir un peligro para ella. Cuando un hombre razona, no hace otra cosa que concebir una suma total, por adición de partes, o concebir un resto por sustracción. De entre las enfermedades de un Estado, consideraré por tanto, en primer lugar, aquellas que surgen de una institución imperfecta y que se asemejan a las enfermedades de un cuerpo natural que proceden de una procreación defectuosa. De manera que una persona es lo mismo que un actor, tanto en el escenario como en la conversación ordinaria. El temor de las cosas invisibles es la semilla natural de lo que cada uno llama para sí mismo religión. El Papado no es más que el fantasma del ya fallecido Imperio romano. El poder del Papa, aunque se tratara de San Pedro, ni es una monarquía, ni tiene nada de árquico ni de crático, sino sólo de didáctico. El presente existe sólo en la naturaleza; las cosas pasadas tienen su ser sólo en la memoria; pero las cosas que están por venir no tienen existencia alguna, ya que el futuro no es otra cosa que una ficción que la mente fábrica atribuyendo a las acciones presentes las consecuencias que se siguieron de acciones pasadas. Esos hombres que basan sus conocimientos en la autoridad de los libros, y no en su propia meditación, sean de condición más baja que los simples ignorantes. Es manifiesto, por tanto, que los hombres no saben, sino que únicamente creen que la Escritura es la palabra de Dios. Es un deber del soberano hacer que el pueblo sea instruido como corresponde; y no sólo es su deber, sino también su beneficio y el modo de asegurarse contra el peligro que pueda cernirse sobre su persona natural, proveniente de una rebelión. La aparición de la propiedad es un efecto de la institución del Estado. La buena apariencia es poder, porque, siendo una promesa de bien, procura a los hombres el favor de las mujeres y de los extraños. La canonización de santos es otra religión del gentilismo. La parte más tenebrosa del Reino de Satán es la que está fuera de la Iglesias de Dios, es decir, entre los no creen en Jesucristo. Las ciencias traen consigo poco poder, porque no son muy visibles y no pueden reconocerse en ningún hombre. La competencia por alcanzar riquezas, honores, mando o cualquier otro poder lleva al antagonismo, a la enemistad y a la guerra. Porque el modo como un competidor consigue sus deseos es matando, sometiendo, suplantando o rechazando a quien compite con él. Lo cierto es que la alabanza a los escritores antiguos no procede de un respeto a los muertos, sino de la competencia y la envidia mutua que tiene lugar entre los vivos. Lo que otorga a las acciones humanas un sabor de justicia es esa nobleza o galantería de ánimo, que se da muy raras veces, que hace que un hombre desprecie las ventajas que podría obtener en su vida como resultado del fraude o del quebrantamiento de una promesa. Los eclesiásticos impiden a los jóvenes que hagan uso de su razón. Los Estados cristianos castigan a quienes se rebelan contra la religión cristiana; y todos los Estados castigan a quienes tratan de establecer una religión que está prohibida por ellos. Los griegos sólo tienen una y la misma palabra, logos, para significar lenguaje y razón. Los individuos influyentes tienen siempre dificultad en digerir doctrinas que establecen un poder capaz de poner coto a sus caprichos. Los que tienen a su cargo el gobierno cuiden de no aprobar indirectamente lo que directamente prohíben. Los hombres no encuentran placer, sino un gran sufrimiento, al convivir con otros allí donde no hay un poder capaz de atemorizarlos a todos. Mas no es el autor, sino la autoridad de la Iglesia, lo que hace de un libro un texto canónico. Muéstrate conciliador con tu adversario mientras compartas el camino con él, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas puesto en prisión. Ningún hombre puede saber infaliblemente, por razón natural, si otro ha tenido una revelación sobrenatural de la voluntad de Dios; tendrá sólo una creencia. Ninguna injusticia puede convertirse en norma de juicio por la que se guíen los jueces posteriores. No hay hombre que pueda tener un pensamiento o representación de algo que no esté sujeto al orden de lo sensorial. Originalmente, tirano significaba simplemente monarca. El infierno es la verdad vista demasiado tarde. La vida es desagradable, brutal y corta. La fuerza y ​​el fraude son en la guerra las dos virtudes cardinales. La condición del hombre. . . Es una condición de guerra de todos contra todos. Por consecuencia, o serie de pensamientos, entiendo esa sucesión de un pensamiento a otro que se llama, para distinguirlo del discurso en palabras, discurso mental. La fuente de todo crimen es algún defecto del entendimiento; o algún error de razonamiento; o alguna fuerza repentina de la pasión. Las palabras son las fichas de los sabios y el dinero de los necios. Cede una pulgada, él tomará un codo. El miedo a las cosas invisibles es la semilla natural de lo que cada uno en sí mismo llama religión. ¿Qué es el corazón sino un resorte, y los nervios sino tantas cuerdas, y las articulaciones sino tantas ruedas, que dan movimiento a todo el cuerpo? Porque, desde que el Obispo de Roma había llegado a ser reconocido como obispo universal, por pretexto de la sucesión de San Pedro, toda su jerarquía, o reino de las tinieblas, puede compararse no indebidamente con el reino de las hadas. Es muchas veces con designio fraudulento que los hombres clavan su Doctrina corrompida con los Clavos de Ingenio de otros hombres.