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Frases célebres de Rubén Darío
69 frases
La virtud está en ser tranquilo y fuerte; con el fuego interior todo se abrasa
Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente
Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas
Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento, antorcha del pensamiento y manantial del amor
No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura
Cuando quiero llorar, no lloro...Y a veces lloro sin querer.
Para qué querré yo la vida cuando no tenga juventud.
Creo que siempre es preferible la neurosis a la imbecilidad.
La poesía existirá siempre que haya un problema de vida o muerte.
Eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones.
No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
La luz produce los colores: los colores no encienden la luz.
Pues si te empeñas en soñar te empeñas en aventar la llama de tu vida.
Sí, el arte es el azul, pero aquel azul de arriba que desprende un rayo de amor para encender los corazones y ennoblecer el pensamiento y engendrar las acciones grandes y generosas.
Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. El cielo estaba azul, y yo estaba desnudo.
El eterno femenino puede tornar humano lo divino.
Porque tú me revelaste el secreto de las delicias divinas, en el inefable primer instante del amor.
Diré que eres más bella que la luna; Que el tesoro del cielo es menos rico que el tesoro que vela la importuna caricia de marfil de tu abanico.
El verbo puede crearse su propia carne, como el caracol su concha: pero la carne sola jamás creará al verbo, y como la estatua existirá sin alma.
Este axioma a todas horas habrás de meditar, la ciencia de vivir es el arte de amar.
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
La torre de marfil tentó mi anhelo; quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo.
Si no podéis abandonar el drama o la novela, y vuestros dedos de marfil y rosa vuelven y vuelven una página tras otra para que las devoren los ojos hechizados, ¡ah! entonces, el autor acertó a ser interesante, lo que es un gran mérito y un triunfo.
La mujer musa es la de carne y hueso.
Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado, y las uvas de cristal. ¡Naturaleza muerta!
Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo.
¡Dulce como la más dulce miel griega será mi canción cuando cante, oh amado, en la estación de la primavera!
Ama tu ritmo y rima tus acciones; bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos, y tu alma, una fuente de canciones.
Vida, luz y verdad, tal triple llama produce la interior llama infinita; el Arte puro.
Te diré la verdad: tus ojos me parecen brasas tras un cristal.
Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros y las lágrimas son apaciguadas entre tanto por esta horrible palpitación de mi corazón; ¡ah, esta horrible palpitación!
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas melancólicas.
Nada de filosofías, nada de finalidades trascendentes, ni de abstracciones sensibilizadas, humanizadas y universalizadas. Eso, estoy seguro, hiere vuestros tímpanos delicados hechos para la música y el amor.
Si un día la justicia estuvo sola, lo sentirá la humanidad entera.
¡Y estábamos solos, a la luz de una luna argentina, dulce, una bella luna de aquellas del país de Nicaragua!
En una senda abandonada y triste que recorren tan sólo ángeles malos, una extraña Deidad la negra Noche ha erigido su trono solitario; allí llegué una vez…
¡Y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror…
Tú tienes en los recuerdos profundos que en mi alma forman lo más alto y sublime, una luz inmortal.
Que tu solo nombre, el de la excelsa beldad que encarnas, ha hecho brotar estrellas sobre el mundo.
Lástima de quien un día mira su esfinge interior y la cuestiona. Él está perdido.
El canto vuela, con sus alas: armonía y eternidad.
Pero tu carne es pan, tu sangre es vino.
Si la lectura del libro, —o la contemplación del lienzo y del mármol— os produce una sensación de agrado, o de alegría; si involuntariamente exclamáis, ¡qué lindo! Tened por seguro que la obra es bella y, por tanto, poética.
La elegancia no consiste en el exceso de adornos, ni en la profusión de alhajas.
Un buen libro es el mejor de los amigos, lo mismo hoy que siempre.
La palabra no es en sí más que un signo, o una combinación de signos; más lo contiene todo por la virtud demiúrgica.
¿Y aquellas alas de mariposa azul de qué nos sirven? Preguntarán los que nacieron sin alas.
Lástima de aquel que algún día mira su esfinge interna y la cuestiona. Él está perdido.
No sabemos explicarnos por qué el halcón devora a la paloma, y nuestra ignorancia se retuerce contra el Creador del Cielo y de la tierra, origen de la justicia y fuente de todo bien.
No son muertos los que en dulce paz descansan, bajo la tumba fría. Muertos son los que tienen el alma fría y viven todavía.
Hagamos, porque es bello, el bien…
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!
¿Cómo decía usted, amigo mío? ¿Qué el amor es un río? No es extraño. Es ciertamente un río que, uniéndose al confluente del desvío, va a perderse en el mar del desengaño.
Las letras, como las flores, como las frutas, como los pueblos, suelen sufrir epidemias que las devastan y desfiguran.
La muerte es de la vida la inseparable hermana. La muerte es la victoria de la progenie humana.
Las traiciones de la ambición nunca cesan.
Cuando el hombre ama de veras, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra.
Dejad al huracán mover mi corazón.
El protagonista es el Poeta, siempre el Poeta, solo, desconocido, abandonado, hambriento, casi un mendigo, y, sin embargo, como Colón lleva un mundo a la cabeza.
Si pequeña es la patria, uno grande la sueña.
Si el corazón os late más deprisa, si un suspiro se os escapa, si una lágrima rueda sobre el libro, si lo cerráis y os quedáis pensativa, ¡ah! entonces, bella lectora, no os quepa duda, por allí ha pasado un alma poética derramando el nardo penetrante de su sentimiento.
Todo lo que vemos o nos parece, ¡no es sino un ensueño dentro de un ensueño!
Ser sincero es ser potente: de desnuda que está, brilla la estrella.
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma.
La vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra.