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Frases célebres de Nicolás Maquiavelo
91 frases
Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres
No todo es político, pero la política se interesa en todo
Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos
Las personas ofenden antes a los que aman que a los que temen
El odio es ganado tanto por las buenas acciones como por las malas
El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo
El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra.
Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.
Los hombres olvidan con mayor rapidez la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.
El que quiere que le obedezcan debe saber cómo comandar.
Si tiene que hacerse una injuria a un hombre, debería ser tan severa que su venganza no necesite ser temida
Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse
Donde hay buena disciplina, hay orden y rara vez falta la buena fortuna.
Las leyes no deben mirar hacia cosa ya pasada, sino proveer para las futuras.
Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.
Cuando veáis al servidor pensar más en sus propios intereses que en los vuestros, y que interiormente busca sus propios beneficios en todas las cosas, ese hombre nunca será un buen sirviente, ni jamás podréis confiar en él.
Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas.
La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor.
Es un defecto común de los hombres no preocuparse por la tempestad durante la bonanza.
Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.
El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito.
Un príncipe que tenga una ciudad fuerte y que no sea odiado por su pueblo no puede ser atacado.
Cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él.
Guerra justa es aquella que es necesaria.
Los hombres van de una ambición a otra: primero, buscan asegurarse contra el ataque y luego, atacan a otros.
Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse.
La política no tiene relación con la moral.
La historia es la ciencia de los hombres, de los hombres en el tiempo.
Quien desee éxito constante debe cambiar su conducta con los tiempos.
La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.
Los hombres se conducen principalmente por dos impulsos; o por amor o por miedo.
La tardanza nos roba a menudo la oportunidad y roba nuestras fuerzas.
La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente.
No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en la ventaja de otros.
La habilidad y la constancia son las armas de la debilidad.
En todas las cosas humanas, cuando se examinan de cerca, se demuestra que no pueden apartarse los obstáculos sin que de ellos surjan otros.
Dios no quiere hacerlo todo, para no quitarnos el libre albedrío y aquella parte de la gloria que nos corresponde.
El que engaña encontrará siempre quien se deja engañar.
No hay nada más importante que aparentar ser religioso.
De los seres humanos en general, se puede decir que son hipócritas y codiciosos.
La mejor fortaleza que un príncipe puede poseer es el afecto de su gente.
Los hombres que no obran bien siempre andan temiendo que otros les respondan con aquellas acciones que las suyas se merecen.
No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos.
Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves, de las fuertes no pueden.
Los príncipes y gobiernos son mucho más peligrosos que otros elementos en la sociedad.
No puede haber grandes dificultades donde abunda la buena voluntad.
Las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria.
Los hombres intrínsecamente no confían en nuevas cosas que no han experimentado por sí mismos.
Es doblemente placentero mentir al impostor.
Si quien gobierna no reconoce los males hasta que los tiene encima, no es realmente sabio.
No hay otra forma de protegerte a ti mismo de la adulación, que hacer entender a los demás qué decirte la verdad no te ofenderá.
Un cambio siempre deja el camino abierto para el establecimiento de otros.
No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden.
Nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro.
El príncipe prudente debe preferir rodearse de hombres de buen juicio a los que dará la libertad de decirle la verdad.
Los hombres en general juzgan más por las apariencias que por la realidad. Todos los hombres tienen ojos, pero pocos tienen el don de la penetración.
El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar los hombres que tiene a su alrededor.
El que quiere ser obedecido debe saber mandar.
El hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.
Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira.
Es mejor ser amado que temido, si no puedes ser ambos.
No estoy interesado en preservar el status quo; quiero derrocarlo.
Un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar.
La naturaleza crea pocos hombres valientes; la industria y el entrenamiento hacen muchos.
Donde la voluntad es grande, las dificultades no pueden ser grandes.
Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser, o extremadamente buenos, o extremadamente malos.
Para entender la naturaleza de la gente, uno debe ser un príncipe y para entender la naturaleza del príncipe, uno debe ser la gente.
Ante todo, ármate.
El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Uno debe ser por tanto un zorro para reconocer trampas y león para asustar a los lobos.
El fin justifica los medios.
Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse.
El odio se gana tanto por las buenas obras como por las malas.
Los hombres son tan simples, y tan inclinados a obedecer las necesidades del momento, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar.
La fortuna varía según el curso de los tiempos, pero los hombres no varían sus hábitos.
Quien desea establecer una república y no mata a Bruto y no destruye la semilla de los Brutos, se arruina él mismo.
No se puede evitar que un enemigo intente ofenderte, pero sí puedes asegurarte de que no lo consiga.
La prudencia consiste en saber reconocer la calidad de los inconvenientes, y escoger el menor.
En asuntos de Estado, cuando hay que tomar una decisión, nunca está todo en claro; quien espera a despejar todas las dudas, actúa demasiado tarde.
Cuando los hombres no tienen miedo de las leyes, temen a los gobernantes; pero cuando temen a los gobernantes, no temen a las leyes.
Es mucho más seguro ser temido que amado, si no puedes ser ambas cosas.
Los pueblos rara vez, si acaso alguna vez, se rebelan por causas razonables.
La clemencia mal empleada es más dañina que la severidad bien empleada.
Aquel que toma el poder por la fuerza debe asegurarse de no dejar vivo al heredero del antiguo régimen.
No hay nada más variable que la opinión de una multitud.
Cuando una ciudad se acostumbra a vivir libre y luego cae en la esclavitud, se resiente profundamente de su pérdida.
Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su herencia.
Es necesario, si queremos ver la verdad de las cosas, apartar la imagen que de ellas se tiene.
No hay nada más difícil de emprender que un nuevo orden
El Príncipe debe hacer uso del hombre y de la bestia: astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos.
Jamás persona alguna de humilde estado ha ganado gran poder sólo por medio de la fuerza, pero sí sólo con la astucia.
Si bien el príncipe debe persuadir al pueblo, convencerlo, también debe emplear la fuerza, porque cuando ya no le crean se le puede hacer creer por la fuerza