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Frases célebres de Jürg

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En consecuencia, el sentido de las normas sociales depende de leyes fácticas de la naturaleza o éstas de aquél, en tan escasa medida como imposible resulta derivar el contenido normativo de juicios de valor a partir del contenido descriptivo de determinaciones fácticas o el descriptivo a partir del normativo. La redención discursiva de una pretensión de verdad lleva a la aceptabilidad racional, no a la verdad. La irresponsabilidad por los daños forma parte de la esencia del terrorismo. El positivismo significa el fin de la teoría del conocimiento, que pasa a ser sustituida por una teoría de las ciencias. El sentido del conocimiento, y, por tanto, también la medida de su autonomía, no se puede explicar de ningún modo si no es mediante el recurso a su relación con el interés. El estado nacional, como marco para la aplicación de los derechos humanos y la democracia, ha hecho posible una nueva forma más abstracta de integración social que va más allá de las fronteras de linajes y dialectos. La idea de la verdad, que se mide por un consenso verdadero, implica la idea de la vida verdadera. Podemos también afirmar: incluye la idea de la emancipación. La superación de una autocomprensión fundamentalista significa no sólo la refracción reflexiva de las pretensiones dogmáticas de verdad, y por tanto una autolimitación cognitiva, sino el paso a otro nivel de la conciencia moral. Sin embargo, esta crítica de la ideología describe la autodestrucción de la facultad crítica de un modo paradójico, porque al realizar el análisis, debe utilizar la misma crítica que calificado como falsa. Denuncia el desarrollo totalitario de la Ilustración con sus propios medios una contradicción realizativa de la que Adorno era bien consciente. Al nivel de la reflexión realizada por Horkheimer y Adorno, cada intento de plantear una teoría era conducido al abismo: como resultado, abandonaron toda aproximación teórica y practicaron una negación determinada, opuesta, por tanto, a la fusión de la razón y el poder que llena todas las fisuras. La relación entre ciencia y praxis descansa, al igual que la existente entre teoría e historia, sobre una estricta diferenciación entre hechos y decisiones: la historia tiene un sentido en tan escasa medida como la propia naturaleza y, sin embargo, mediante una decisión adecuada podemos dárselo, intentando una y otra vez, con la ayuda de técnicas sociales científicas, que éste se imponga y prevalezca en la historia. Pero sólo Horkheimer unió una comprensión transformada y altamente individual de la filosofía con este programa de materialismo interdisciplinar. Quería continuar la filosofía por otros medios, especialmente, las ciencias sociales. Del mismo modo, la crítica del conocimiento y la moralidad de Nietzsche anticipa la idea central que Horkheimer y Adorno desarrollan en su crítica de la razón instrumental: detrás de los ideales de objetividad y de las pretensiones de verdad del positivismo, detrás de los ideales ascéticos y de las pretensiones normativas del cristianismo y de la moral universal, están escondidos imperativos de autopreservación y dominación. A comienzos de los años cuarenta Horkheimer y Adorno sintieron que la crítica Marxista de la ideología se había agotado a sí misma de manera definitiva. No creían más en la posibilidad de cumplir las promesas de una teoría crítica social con los métodos de las ciencias sociales. En vez de esto, intentaron una radicalización y totalización de su crítica de la ideología para ilustrar la Ilustración sobre sí misma. Los europeos nos encontramos ante la tarea de lograr un entendimiento intercultural entre el mundo del Islam y el Occidente marcado por la tradición judeocristiana. La racionalidad de los contenidos de la identidad sólo puede determinarse por relación a la estructura de ese proceso de su creación, es decir, por referencia a las condiciones formales de la gestación y de la comprobación crítica de una identidad flexible, en la que todos los miembros de la sociedad puedan reconocerse recíprocamente, es decir, puedan respetarse. Esa teoría la teoría de sistemas de Luhmann puede servir como legitimación de la limitación sistemática de una comunicación capaz de influir decisivamente en la dimensión práctica de la sociedad. El capitalismo ofrece una legitimación del poder que ya no baja del cielo de las tradiciones culturales, sino que puede obtenerse desde la misma base del trabajo social. Avergüénzate de morir hasta que no hayas conseguido una victoria para la humanidad. En el punto de partida de las ciencias empírico-analíticas hay un interés técnico, en el de las histórico-hermenéuticas un interés práctico, y en el de las ciencias orientadas críticamente, aquel interés emancipatorio del conocimiento que, sin concederlo, estaba ya como base de las teorías tradicionales. Intentos críticos de la ciencia social para determinar cuándo las afirmaciones teóricas captan las regularidades invariantes de la acción social como tal y cuándo expresan relaciones de dependencia ideológicamente congeladas que, en principio, pueden transformarse. Técnicamente hablando, dado que nuestras sociedades complejas son altamente susceptibles a interferencias y accidentes, ciertamente ofrecen oportunidades ideales para una interrupción inmediata de las actividades normales. Estas interrupciones pueden, con un gasto mínimo, tener consecuencias considerablemente destructivas. Nadie posee derechos exclusivos sobre el medio común de las prácticas comunicativas que debemos compartir intersubjetivamente. Ningún participante puede controlar la estructura, o incluso el curso, de los procesos para alcanzar la comprensión y la autocomprensión. La forma en que los hablantes y los oyentes hacen uso de su libertad comunicativa para tomar posiciones afirmativas o negativas no depende de su discreción subjetiva. Porque son libres sólo en virtud de la fuerza vinculante de los reclamos justificables que plantean entre sí. Alcanzar y comprender es el proceso de lograr un acuerdo sobre la base presupuesta de reclamos de validez que se reconocen mutuamente. Si bien se exigen objetivamente mayores demandas a esta autoridad, opera menos como una opinión pública que da una base racional al ejercicio de la autoridad política y social, cuanto más se genera con el propósito de un voto abstracto que no es más que un acto de aclamación dentro de una esfera pública fabricada temporalmente para exhibición o manipulación. El hablante debe elegir una expresión comprensible, para que el hablante y el oyente puedan entenderse entre sí. La interpretación de un caso se corrobora solo por la continuación exitosa de un proceso autoformativo, es decir, por la finalización de la autorreflexión, y no de manera inequívoca por lo que dice el paciente o cómo se comporta. El universalismo igualitario, del cual surgieron las ideas de libertad y solidaridad social, de una conducta autónoma de la vida y la emancipación, de la moral individual de la conciencia, los derechos humanos y la democracia, es el heredero directo de la ética judaica de la justicia y la ética cristiana de amor. Este legado, sustancialmente sin cambios, ha sido objeto de continua apropiación crítica y reinterpretación. Hasta el día de hoy, no hay alternativa. El único conocimiento que realmente puede orientar la acción es el conocimiento que se libera de los simples intereses humanos y se basa en ideas, en otras palabras, conocimiento que ha tomado una actitud teórica. La esfera pública burguesa puede concebirse sobre todo como la esfera de las personas privadas que se unen como públicas; pronto reclamaron la esfera pública regulada desde arriba contra las propias autoridades públicas, para entablar un debate sobre las reglas generales que rigen las relaciones en la esfera básicamente privatizada pero públicamente relevante del intercambio de mercancías y el trabajo social. Desarrollaré la tesis de que cualquiera que actúe de manera comunicativa debe, al realizar cualquier acto de habla, plantear reclamos de validez universal y suponer que puede ser reivindicado. Si comparamos la actitud de tercera persona de alguien que simplemente dice cómo están las cosas (esta es la actitud del científico, por ejemplo) con la actitud performativa de alguien que trata de entender lo que se le dice (esta es la actitud del intérprete, por ejemplo), las implicaciones ... se vuelven claras. ... Primero, los intérpretes renuncian a la superioridad que los observadores tienen en virtud de su posición privilegiada, en el sentido de que ellos mismos son arrastrados, al menos potencialmente, a negociaciones sobre el significado y la validez de las declaraciones. Al participar en la acción comunicativa, aceptan en principio el mismo estatus que aquellos cuyas declaraciones están tratando de entender. De hecho, tendería a tener más confianza en el resultado de una decisión democrática si hubiera una minoría que votó en contra, que si fuera unánime... La psicología social ha demostrado ampliamente la fuerza de este efecto de vagón trasero. La tarea de la pragmática universal es identificar y reconstruir las condiciones universales de posible comprensión mutua. Esta investigación tiene como objetivo analizar el tipo de esfera pública burguesa. Su enfoque particular se requiere, para comenzar, por las dificultades específicas de un objeto cuya complejidad impide la dependencia exclusiva de los métodos especializados de una sola disciplina. Más bien, la categoría. La esfera pública debe investigarse dentro del amplio campo que antes se reflejaba en la perspectiva de la ciencia tradicional de la política. Los problemas que resultan de fusionar aspectos de la sociología y la economía, del derecho constitucional y la ciencia política, y de la historia social e intelectual son obvios: dado el estado actual de diferenciación y especialización en las ciencias sociales, casi nadie podrá dominar varias, y mucho menos todas estas disciplinas. Es imposible decidir a priori quién aprenderá de quién. El cristianismo ha funcionado para la autocomprensión normativa de la modernidad como algo más que un simple precursor o un catalizador. Como seres históricos y sociales, nos encontramos siempre en un mundo de vida lingüísticamente estructurado. Y a la luz de los desafíos actuales de una constelación posnacional, seguimos recurriendo a la esencia de este patrimonio. Todo lo demás es una charla posmoderna inactiva. En las formas de comunicación a través de las cuales llegamos a un entendimiento mutuo sobre algo en el mundo y sobre nosotros mismos, encontramos un poder trascendente. El idioma no es un tipo de propiedad privada. El logos del lenguaje encarna el poder del intersubjetivo, que precede y funda la subjetividad de los hablantes. El terrorismo global es extremo tanto por su falta de objetivos realistas como por su explotación cínica de la vulnerabilidad de los sistemas complejos. Horkheimer y Adorno tomaron una ruta no sólo diferente sino opuesta: sin desear más superar la contradicción realizativa de una crítica de la ideología totalizante, intensificaron en su lugar la contradicción y la dejaron irresuelta. La ciencia solo puede ser comprendida epistemológicamente, lo que significa como una categoría de conocimiento posible, siempre que el conocimiento no se equipare efusivamente con el conocimiento absoluto de una gran filosofía o ciegamente con la auto comprensión científica del negocio real de la investigación. Como medio para alcanzar la comprensión, los actos de habla sirven: a) para establecer y renovar las relaciones interpersonales, mediante las cuales el hablante establece una relación con algo en el mundo de los órdenes sociales legítimos; b) representar estados y eventos, mediante los cuales el hablante toma una relación con algo en el mundo de los estados de cosas existentes; c) manifestar experiencias, es decir, representarse a sí mismo, por lo que el hablante retoma una relación con algo en el mundo subjetivo al que tiene acceso privilegiado. Todos los afectados pueden aceptar las consecuencias y los efectos secundarios que se puede anticipar que la observancia general de la norma tendrá para la satisfacción de los intereses de todos, y las consecuencias son preferibles a las de las posibilidades alternativas de regulación conocidas. Lo que Kant consideraba como un giro único (copernicano) a la reflexión trascendental se convierte en Hegel en un mecanismo general para devolver la conciencia sobre sí misma. Este mecanismo se ha activado y desactivado una y otra vez en el desarrollo del espíritu. A medida que el sujeto se vuelve consciente de sí mismo, destruye una forma de conciencia tras otra. Este proceso personifica la experiencia subjetiva de que lo que inicialmente le parece al sujeto como un ser en sí mismo puede convertirse en contenido solo en las formas que el sujeto le imparte. La experiencia del filósofo trascendental, por lo tanto, según Hegel, se recrea ingenuamente cuando un en sí mismo se convierte en un sujeto. Los sujetos que se reconocen recíprocamente como tales, deben considerarse mutuamente idénticos, en la medida en que ambos toman la posición del sujeto; en todo momento deben subsumirse a sí mismos y al otro en la misma categoría. Al mismo tiempo, la relación de reciprocidad de reconocimiento exige la no identidad de uno y el otro, ambos también deben mantener su diferencia absoluta, ya que ser un sujeto implica el reclamo de la individualización. La posición de la filosofía con respecto a la ciencia, que en algún momento podría designarse con el nombre de teoría del conocimiento, ha sido socavada por el movimiento del pensamiento filosófico mismo. La filosofía fue desalojada de esta posición por la filosofía. Para la figura del intelectual, tal como la conocemos en el paradigma francés, desde Zola hasta Sartre y Bourdieu, fue determinante una esfera pública cuyas frágiles estructuras están experimentando ahora un proceso acelerado de deterioro. La pregunta nostálgica de por qué ya no hay intelectuales está mal planteada. No puede haberlos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con sus argumentos. Usted se refiere a las controversias agresivas, las burbujas y los bulos de Donald Trump en sus tuits. Pensemos no solo en los blogs de científicos que intensifican su labor académica por este medio, sino también, por ejemplo, en los pacientes que sufren una enfermedad rara y se ponen en contacto con otra persona en su misma situación de continente a continente para ayudarse mutuamente con sus consejos y su experiencia. Lo que me irrita es el hecho de que se trata de la primera revolución de los medios en la historia de la humanidad que sirve ante todo a fines económicos, y no culturales. Mire, soy de la anticuada opinión de que la filosofía debería seguir intentando responder a las preguntas de Kant: ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer?, ¿Qué me es dado esperar? y ¿Qué es el ser humano? Sin embargo, no estoy seguro de que la filosofía, tal como la conocemos, tenga futuro. Actualmente sigue, como todas las disciplinas, la corriente hacia una especialización cada vez mayor. Y eso es un callejón sin salida, porque la filosofía debería tratar de explicar la totalidad, contribuir a la explicación racional de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo. Llevo 65 años trabajando y luchando en la universidad y en la esfera pública a favor de postulados de izquierdas. Si desde hace un cuarto de siglo abogo por la profundización política de la Unión Europea, lo hago con la idea de que solamente ese régimen continental podría domar un capitalismo que se ha vuelto salvaje. Jamás he dejado de criticar al capitalismo, pero tampoco de ser consciente de que no bastan los diagnósticos a vuelapluma. No soy de esos intelectuales que disparan sin apuntar. En 1984 pronuncié una conferencia en el Congreso español por invitación de su presidente, y al acabar fuimos a comer a un restaurante histórico. Estaba, si no me equivoco, entre el Parlamento y la Puerta del Sol. El patriotismo constitucional necesita un relato apropiado para que tengamos siempre presente que la Constitución es el logro de una historia nacional. Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana. En mi opinión, esta tesis es totalmente errónea. Las civilizaciones más antiguas e influyentes se caracterizaron por las metafísicas y las grandes religiones que estudió Max Weber. Lo cierto es que el fundamentalismo religioso es un fenómeno totalmente moderno. Se remonta a los desarraigos sociales que surgieron y siguen surgiendo a consecuencia del colonialismo, la descolonización y la globalización capitalista. En la República Federal de Alemania nos esforzamos por incluir en nuestras universidades la teología islámica, de manera que podamos formar profesores de religión en nuestro propio país y no tengamos que seguir importándolos de Turquía o de otros lugares. Pero, en esencia, este proceso depende de que logremos integrar verdaderamente a las familias inmigrantes. No obstante, esto no alcanza ni mucho menos a las oleadas mundiales de emigración. La única manera de hacerles frente sería combatir sus causas económicas en los países de origen. La introducción del euro ha dividido la comunidad monetaria en norte y sur, en ganadores y perdedores. La causa es que las diferencias estructurales entre las regiones económicas nacionales no se pueden compensar si no se avanza hacia la unión política. La desigualdad ha aumentado en todos nuestros países y ha erosionado la cohesión de la ciudadanía. Pero realmente, ¿Cuál es el motivo de que un pueblo culto y avanzado como Cataluña desee estar solo en Europa? No lo comprendo. Los Estados-nación fueron algo que casi nadie se creía pero que hubo que inventar en su tiempo por razones eminentemente pragmáticas. ¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos! No obstante, Macron me inspira respeto porque, en la escena política actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política; que, como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa. Hasta la fecha sigo sin ver claramente qué convicciones subyacen tras la política europea del presidente francés. Me gustaría saber si al menos es un liberal de izquierdas convencido…, y eso es lo que espero. Los problemas urgentes no son los tratados sino la crisis del euro, la crisis de los refugiados y los problemas de seguridad. Pero incluso en estos hechos no hay acuerdo entre los 27 miembros. La crisis del euro ata a esos países por varios años, aunque de una forma asimétrica.