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Frases célebres de Gilles Deleuze
65 frases
El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza.
Se carece de oídos para escuchar aquello a lo cual no se tiene acceso desde la vivencia.
Escribir no es imponer una forma de expresión a una materia vivida. La literatura está al lado de lo informe, de lo inacabado... Escribir es un asunto con el devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida.
Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es, sin duda, la noticia más terrorífica del mundo.
El traidor es muy diferente del tramposo: el tramposo pretende ampararse de propiedades establecidas, conquistar un territorio, e incluso instaurar un orden nuevo. El tramposo tiene mucho porvenir, pero no tiene ni el más mínimo devenir.
El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos.
No cargar la vida bajo el peso de los valores superiores, incluso los heroicos, sino crear valores nuevos que sean los de la vida, que hagan de la vida lo ligero o lo afirmativo.
Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser motivados, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron, no sin esfuerzo, la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.
Cuando un cuerpo se encuentra con otro cuerpo distinto o una idea con otra distinta, sucede o bien que sus relaciones se componen formando un todo más poderoso, o bien que una de éstas descompone a la otra y destruye la cohesión de sus partes.
Un creador es un ser que trabaja por gusto.
El sentido no es nunca principio ni origen, sino producto. No hay que descubrirlo, restaurarlo, ni reemplazarlo sino que hay que producirlo mediante una nueva maquinaria.
Cuando usted tiene un afecto triste, es que un cuerpo actúa sobre el suyo, un alma actúa sobre la suya en condiciones tales y bajo una relación que no conviene con la suya. Desde entonces, nada en la tristeza puede inducirlo a formar la noción común, es decir, la idea de algo común entre dos cuerpos y dos almas.
Cada uno de nosotros tiene su línea de universo por descubrir, pero no se la descubre sino trazándola, trazando su trazo rugoso.
Es verdad que la filosofía es inseparable de una cierta cólera contra su época, pero también que nos garantiza serenidad. Ello no obstante, la filosofía no es un Poder. Las religiones, los Estados, el capitalismo, la ciencia, el derecho, la opinión o la televisión son poderes, pero no la filosofía.
El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos.
Lo propio de la máquina capitalista es hacer la deuda infinita.
El hombre sublime no tiene más necesidad de Dios para sojuzgar al hombre. Ha reemplazado a Dios por el humanismo; el ideal ascético por el ideal moral y el conocimiento. El hombre se inviste de sí mismo en nombre de valores heroicos, en nombre de valores del hombre.
Los verdaderos grandes problemas sólo son planteados cuando son resueltos.
La filosofía nunca ha estado restringida a los profesores de filosofía. Es filósofo aquel que se convierte en filósofo, es decir, quien se interesa en esas creaciones tan peculiares del orden de los conceptos.
Toda sensación es una pregunta, aún cuando sólo el silencio responda.
El espacio recorrido es pasado, el movimiento es presente, es el acto de recorrer. El espacio recorrido es divisible, e incluso infinitamente divisible, mientras que el movimiento es indivisible, o bien no se divide sin cambiar, con cada división, de naturaleza.
Nos plantan árboles en la cabeza: el de la vida, el del saber, etc. Todo el mundo reclama raíces. El poder de sometimiento, es siempre arborescente.
Aquellos que leen a Nietzsche sin reírse y sin reírse mucho, sin reírse a menudo, y a veces a carcajadas, es como si no lo leyeran.
Se escribe siempre para dar vida, para liberar la vida allí donde esté presa, para trazar líneas de fuga.
¿Quiénes son los clientes de la televisión? Ya no son los oyentes: los clientes de la televisión son los anunciantes; ellos son los verdaderos anunciantes. Los oyentes reciben lo que quieren los anunciantes…
Yo trato de explicar que las cosas, las personas, están compuestas de líneas muy diversas, y que no siempre saben sobre qué línea de sí mismos están, ni por dónde hacer pasar la línea que están trazando; en una palabra, que en las personas hay toda una geografía, con líneas duras, flexibles y de fuga.
El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado.
Un filósofo no es solamente alguien que inventa nociones, también inventa maneras de percibir.
El secreto del eterno retorno consiste en que no expresa de ninguna manera un orden que se oponga al caos y que lo someta. Por el contrario, no es otra cosa que el caos, la potencia de afirmar el caos.
El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos hace señas y nos espera. Según las tres determinaciones precedentes, es lo que debe ser comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe ser representado en lo que sucede.
Beber es una cuestión de cantidad.
Pero como seres conscientes, nunca aprehendemos nada...Pero sí los efectos de estas composiciones y descomposiciones: experimentamos la alegría cuando un cuerpo se encuentra con el nuestro y entra en composición con él, y la tristeza cuando, por el contrario, un órgano o una idea amenazan nuestra propia coherencia.
Cuando uno bebe, a lo que quiere llegar es al último vaso. Beber es, literalmente, hacer todo lo posible para acceder al último vaso. Eso es lo que interesa.
Plantear el problema no es simplemente descubrir, es inventar.
No hay lugar para el temor, ni para la esperanza. Sólo cabe buscar nuevas armas.
La emoción es creadora, en primer lugar, porque expresa la creación entera; en segundo lugar, porque crea la obra en la que se expresa; y finalmente, porque comunica a los espectadores u oyentes un poco de esa creatividad.
Un libro es un pequeño engranaje de una maquinaria exterior mucho más compleja.
Desear es construir un agenciamiento, construir un conjunto, el conjunto de una falda, de un rayo de sol…
El descubrimiento atañe a lo que ya existe actual o virtualmente: era, pues, seguro que tarde o temprano tenía que llegar. La invención le da el ser a lo que no era y hubiera podido no llegar jamás.
Sólo el acto de resistencia resiste a la muerte, sea bajo la forma de obra de arte, sea bajo la forma de una lucha de los hombres. Y ¿Qué relación hay entre la lucha de los hombres y la obra de arte? La relación más estrecha y para mí la más misteriosa.
No me considero en absoluto como un intelectual, no me considero alguien culto, por una sencilla razón, y es que cuando veo a alguien culto, me quedo pasmado. No se trata tanto de admiración algunos aspectos me suscitan admiración, otros no lo hacen en absoluto, sino que me quedo pasmado. Alguien culto no deja de llamar la atención: se trata de una saber pasmoso acerca de todo.
La verdadera libertad reside en un poder de decisión, de constitución de los problemas mismos: este poder, semidivino, implica tanto la desaparición de los falsos problemas como el surgimiento creador de los verdaderos: la verdad es que, en filosofía e incluso en otros campos, se trata de encontrar el problema y, por consiguiente, de plantearlos más aún que de resolverlos.
Los nombres propios designan fuerzas, acontecimientos, movimientos y móviles, vientos, tifones, enfermedades, lugares y momentos antes que personas. Los verbos en infinitivo designan devenires y acontecimientos que desbordan modas y tiempos.
La anarquía y la unidad son una sola y misma cosa, no la unidad de lo Uno, sino una más extraña unidad que sólo se reclama de lo múltiple.
La filosofía se ha ocupado siempre de conceptos, y hacer filosofía es intentar crear o inventar conceptos.
Se sabe que en Nietzsche, la teoría del hombre superior es una crítica que se propone denunciar la mistificación más profunda o más peligrosa del humanismo: el hombre superior pretende llevar la humanidad hasta la perfección, hasta la culminación.
Me interesaban los movimientos, las creaciones colectivas, y no tanto las representaciones. En las instituciones hay todo un movimiento que se distingue a la vez de las leyes y de los contratos.
Al comienzo me interesé más por el derecho que por la política. Yo encontraba en Hume una concepción muy creadora de la institución y del derecho.
No es que me interese la ley ni las leyes (ley es una noción vacía y leyes son nociones serviles) ni siquiera el derecho a los derechos; lo que me interesa es la jurisprudencia.
En cuanto a mi paso a la política lo viví en carne propia en Mayo del 68, a medida que entraba en contacto con problemas precisos y gracias a Guattari, gracias a Foucault, gracias a Elie Sambar. El Anti-Edipo fue por completo un libro de filosofía política.
Aún hoy, el trabajo de François Ewald para restituir una filosofía del derecho me parece esencial.
No se trata de una oposición entre lo eterno y lo histórico, ni entre la contemplación y la acción: Nietzsche habla de aquello que se hace, del acontecimiento mismo o del devenir.
Sin la historia, la experimentación quedaría indeterminada, incondicionada, pero la experimentación no es histórica.
Creo que ni Félix ni yo abandonamos el marxismo, aunque de dos maneras diferentes tal vez.
Tomemos el ejemplo de la Europa actual: los políticos occidentales y los tecnócratas han hecho un esfuerzo enorme para construirla uniformizando regímenes y reglamentos, pero lo que comienza a sorprender es, por una parte, las explosiones entre los jóvenes, entre las mujeres, en relación con el simple ensanche de los límites (esto no es tecnocratizable).
Los movimientos revolucionarios y también los movimientos artísticos son así, máquinas de guerra.
En el capitalismo sólo hay una cosa universal, el mercado.
No hay Estado universal justamente porque hay un mercado universal del que los Estados son centros o Bolsas.
No hay Estado democrático que no esté comprometido hasta el fondo en esta producción de miseria humana.
Las minorías y las mayorías no se distinguen por el número. Una minoría puede ser más numerosa que una mayoría. Aquello que define la mayoría es un modelo al que hay que conformarse: por ejemplo, europeo medio, adulto, varón, habitante de las ciudades. Mientras que una minoría no tiene modelo, es un devenir, un proceso.
Se puede decir que la mayoría no es nadie.
Cuando una minoría crea modelos es porque desea volverse mayoritaria, y sin duda es inevitable para su supervivencia o su salvación.
La utopía no es un buen concepto: lo que hay es más bien una fabulación común al pueblo y al arte.
Entramos en sociedades de control que ya no funcionan por encierro sino por control continuo y comunicación instantánea.
Las nuevas aperturas cerebrales, las nuevas maneras de pensar, no se explican por micro-cirugía; sin embargo, la ciencia debe esforzarse en saber lo que puede haber ocurrido en el cerebro cuando se empieza a pensar de manera diferente.