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Frases célebres de Ernesto Sábato
88 frases
Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa
Nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día.
Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás
Lástima que cuando uno empieza a aprender el oficio de vivir, ya hay que morir
Es curioso, pero vivir en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.
Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil.
Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas.
No se puede vivir sin héroes, santos ni mártires.
La dura realidad es una desoladora confusión de hermosos ideales y torpes realizaciones, pero siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras alcanzan pedazos del absoluto, que nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades.
Estamos de tal modo constituidos que sólo nos es dado a vislumbrar la eternidad desde la frágil y perecedera carne.
Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre está fuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro.
Y así como en el teatro, en algún momento el mundo externo logra llegar aunque atenuado en forma de lejanos ruidos, así también llegaban hasta su conciencia, como inquietantes susurros, pequeños hechos, algunas frases que enturbiaban y agrietaban la magia.
Creo que la esencia de la vida consiste en ser fiel a lo que uno cree su destino.
Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza.
Y cuando empezamos a aprender este difícil oficio de vivir ya tenemos que morirnos.
Me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva.
Un creador es un hombre que en algo perfectamente conocido encuentra aspectos desconocidos. Pero, sobre todo, es un exagerado.
Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte.
El presente engendra el pasado.
A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización.
¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad.
La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados.
Le expliqué que el mundo es una sinfonía, pero que Dios toca de oído.
Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano.
Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa?
Botella al mar, se ha dicho. Pero con un mensaje equívoco, que puede ser interpretado de tantas maneras que difícilmente el náufrago sea localizado.
Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán los medios de comunicación.
El oficio en el arte, consiste en que no se lo advierta.
Hay gente que se preocupa más por el dinero que los pobres: son los ricos.
Vivir consiste en construir futuros recuerdos.
Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico.
La razón no sirve para la existencia.
Ya no se dice que son ‘los de abajo’ sino ‘los de fuera’.
Para ser humilde se necesita grandeza.
Después de haber escrito más de un centenar de páginas siguiendo ese método tradicional ya usado por muchos y en especial por Aldous Huxley y André Gide, pensé dos cosas: primero, que ese experimento había sido ya hecho, con todo lo que se podía extraer, y, segundo, que un escritor en la novela es un recurso fácil y en cierto modo hipócrita. Pensé que debía Llevar el proceso hasta sus últimas consecuencias, sin miedo al ridículo ni a los idiotas.
Pocos países en el mundo debe de haber en que el sentimiento de nostalgia sea tan reiterado: en los primeros españoles, porque añoraban su patria, lejana; luego en los indios, porque añoraban su libertad perdida y su propio sentido de la existencia; más tarde en los gauchos desplazados por la civilización gringa, exiliados en su propia tierra, melancólicamente rememorando la edad de oro de su salvaje independencia; en los viejos patriarcas criollos, porque sentían que aquel hermoso tiempo de la generosidad y de la cortesía se convertía en el materialismo y mezquino territorio del arribismo y de la mentira.
Siempre de lo bueno viene lo malo, y de lo malo, lo bueno.
Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso.
Yo escribo, porque si no me hubiera muerto, para buscar el sentimiento de la existencia.
El arte es esencialmente personal y, de una manera u otra, revela el yo del artista.
Soy odiado por los altos prelados de la argentina, me consideran un zurdo, un izquierdista, un comunista y los comunistas me consideran un reaccionario porque hablo de Cristo, de que la vida es sagrada y la muerte es misteriosa y sagrada. Y bueno… Yo digo lo que se me de la realisima gana y se acabó.
A nadie le gusta morir, creo… Pero creo que hay que esperar con dignidad la muerte, que no sabemos lo que es ¡Nadie sabe lo que es el otro mundo! Nadie.
Cumplo hoy 80 años, querido Rubén… Mi vista me impide la lectura, excepto en grandes letras y en dosis homeopáticas. Escribo a máquina gracias a la memoria digital. Antes, Matilde era mi lectora, pero hace cinco años que está muy mal, y eso se acabó. ¡Cuántas cosas se han acabado! Un fuerte abrazo… Ernesto Sábato.
El lenguaje es el primer y más importante instrumento de un hombre que escribe, pero también su mayor y más insidioso enemigo.
El gran y casi desconocido filósofo ruso Leo Chestov, sostiene, con razón, a propósito de la obra de Tolstoi y Dostoievsky, que la verdadera biografía de un escritor de ese género no hay que buscarla en sus memorias o cartas o autobiografía, sino en sus novelas.
Si uno aparece en una novela con su nombre y apellido, lo mas fácil es suponer que se trate de una autobiografia, o del colmo del yoismo.
En eso reside la diferencia entre lo que deberíamos llamar poesía, y prosa. El ejemplo más trivial de prosa es el folleto en que se explica la forma de manejar una lavadora o cualquier otro aparato que ofrece algunas complicaciones, y el más alto es la forma en que un matemático expresa un teorema: el texto no admite ninguna ambigüedad, y cuando se ha comprendido, se termina todo.
Pero no siempre lo más fácil es lo verdadero, y en rigor casi nunca: la luna no es blanca ni tiene un pie de diámetro, como creen los campesinos que ignoran la astronomía.
Privar a un niño de su derecho a la educación es amputarlo de esa primera comunidad donde los pueblos van madurando sus utopías.
Llegué a la conclusión de que era necesario aparecer en la novela como un personaje más, no como un simple testigo de los acontecimientos o como un narrador de esos acontecimientos, sino carnal y entrañablemente, enfrentado a los propios personajes como un ser humano más, con el mismo estatuto psicológico y ontológico.
Lo he dicho en otras oportunidades y lo reafirmo: la búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación.
El arte no es terapia, pero además es terapéutico.
Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida.
El proceso cultural es un proceso de domesticación que no puede llevarse a cabo sin rebeldía por parte de la naturaleza animal, ansiosa de libertad.
Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar.
La Historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla.
¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.
Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado… Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, deduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos.
Es el otro el que siempre nos salva. Y si hemos llegado a la edad que tenemos es porque otros nos han ido salvando la vida, incesantemente.
El artista debe de ser mezcla de niño, hombre y mujer.
Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables.
¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz?
El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse.
Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.
Dios mío, Dios mío. La muerte tampoco es mi tipo y no obstante muchas veces me atrae.
Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.
Pues a medida que nos acercamos a la muerte también nos acercamos a la tierra… pedazo de tierra en que transcurrió nuestra infancia, en que tuvimos nuestros juegos… la irrecuperable magia de la irrecuperable niñez.
Todos somos nada, porque la nada siempre estuvo y nunca lo estará.
¿Sería uno tan duro con los seres humanos si se supiese de verdad que algún día se han de morir y que nada de lo que se les dijo se podrá ya rectificar?
Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización.
¿Qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?
Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección.
Entre lo que deseamos vivir y el intrascendente ajetreo en que sucede la mayor parte de la vida, se abre una cuña en el alma que separa al hombre de la felicidad como al exiliado de su tierra.
Un genio es alguien que descubre que la piedra que cae y la luna que no cae representan un solo y mismo fenómeno.
La costumbre es falaz y nuestros pasos mecánicos no nos conducen siempre a la misma realidad.
¿Quién ha dicho que sólo pueden hacernos sufrir los malvados?
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?
El Universo, visto así, es un universo infernal, porque vivir sin creer en algo es como ejecutar el acto sexual sin amor.
Qué conjunto de palabras unidas al recuerdo de nuestra juventud no es extraña y melancólica?
¿Te das cuenta, Martín, la cantidad de sufrimiento que ha tenido que producirse en el mundo para que se haya hecho música así?
Lo que prueba que los años, las desdichas, las desilusiones, lejos de facilitar el olvido, como se suele creer, tristemente lo refuerzan.
Además, ¿sabemos acaso lo que es la verdad? si yo le digo que aquel trozo de ventana es azul, digo una verdad. Pero es una verdad parcial, y por lo tanto una especie de mentira.
La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza.
En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.
Lamentablemente, en estos tiempos en que se ha perdido el valor de la palabra, también el arte se ha prostituido, y la escritura se ha reducido a un acto similar al de imprimir papel moneda.
Porque también podemos añorar nuestras equivocaciones.
La solidaridad no es dar lo que sobra, sino compartir lo que se tiene.
El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.