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Frases célebres de Benito Juárez
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No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala.
Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad.
La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre, como es libre en el hombre la facultad de pensar.
Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro.
Siempre he procurado hacer cuanto ha estado en mi mano para defender y sostener nuestras instituciones. He demostrado en mi vida pública que sirvo lealmente a mi patria y que amo la libertad. Ha sido mi único fin proponeros lo que creo mejor para vuestros más caros intereses, que son afianzar la paz en el porvenir y consolidar nuestras instituciones.
Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.
Los hombres no son nada, los principios lo son todo.
La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible.
Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.
El gobierno tiene el sagrado deber de dirigirse a la Nación, y hacer escuchar en ella la voz de sus más caros derechos e intereses.
El primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley; la felicidad común debe ser su norte, e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley; sólo debe distinguir el mérito y la virtud para recompensarlos; al vicio y al crimen para procurar su castigo.
El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, es el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones.
Nada de contemporizaciones con los hombres viciados y con los que se han acostumbrado a hacer su voluntad como moros sin señor.
Mi deber es hacer cumplir la ley no sólo con medidas del resorte de la autoridad, sino con el ejemplo para atentar a los que con un escrúpulo infundado se retraían de usar el beneficio que les concedía la ley.
Como hijo del pueblo nunca podría olvidar que mi único fin debe ser siempre su mayor prosperidad.
La constancia y el estudio hacen a los hombres grandes, y los hombres grandes son el porvenir de la Patria.
Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger la libertad que los gobernados tienen de practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna.
No deshonra a un hombre equivocarse. Lo que deshonra es la perseverancia en el error.
En política, la línea recta es la más corta.
Dos cosas colmarán mis deseos: la primera, el espectáculo de vuestra felicidad; y la segunda, merecer de vosotros, para legarlo a mis hijos, el título de buen ciudadano.
Hay circunstancias en la vida en que es preciso aventurarlo todo si se quiere seguir viviendo física y moralmente.
¿Por qué México, mi país, es tan extraño que está formado, a mitad y mitad, de una fuente inagotable de ternura y de un pozo profundo de bestialidad?
Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las comunidades de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo.
Mi deber es no atender a los que sólo representan el deseo de un corto número de personas, sino a la voluntad nacional.
Mexicanos: Hemos alcanzado el mayor bien que podríamos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra Patria. Cooperemos todos para poder legarla a nuestros hijos en camino de prosperidad, amando y sosteniendo siempre nuestra independencia y nuestra libertad.
El pueblo que quiere ser libre lo será. Hidalgo enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobiernan contra la voluntad de los pueblos.
La instrucción es la primera base de la prosperidad de un pueblo, a la vez que el medio más seguro de hacer imposibles los abusos de poder.
Aquel que no espera vencer, ya está vencido.
Contra la Patria nunca tendremos razón.
Es imposible, moralmente hablando, que la reacción triunfe.
Los gobernantes de la sociedad civil no deben asistir, como tales, a ningún ceremonial eclesiástico, si bien como hombres pueden ir a los templos a practicar los actos de devoción que su religión les dicte.
Haya energía para cumplir la ley; esto bastará para que la nación se salve y sea feliz.
Malo sería dejarnos desarmar por una fuerza superior, pero sería pésimo desarmar a nuestros hijos privándoles de un buen derecho, que más valientes, más patriotas y sufridos que nosotros, lo harán valer y sabrán reivindicarlo algún día.
Hay que seguir la lucha con lo que podamos hasta que podamos.
No reconozco fuente de poder más pura que la opinión pública.
El triunfo de la patria, que ha sido el objeto de sus nobles aspiraciones, será siempre su mayor título de gloria y el mejor premio de sus heroicos esfuerzos.
Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre, no debe esperar, ni conviene que espere, que otros individuos u otras naciones hagan por él.
La perfección es el único don que la naturaleza le ha negado al ser humano pero aun reconociéndolo tratamos de perfeccionarnos.
Habrá perfecta independencia entre los negocios del Estado y negocios puramente eclesiásticos. El gobierno se limitará a proteger con su autoridad el culto público de la religión católica, así como el de cualquiera otra.
Lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos ni los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrastrando todos los sacrificios antes que consentir en la pérdida de la República y de la libertad.
No vacilé en ayudar del modo que me fue posible a los que trabajaban por el cumplimiento de la ley que ha sido siempre mi espada y mi escudo.
El amor a Dios y al prójimo, no las hipócritas simulaciones de prácticas sin verdad ni sentimientos (volverán la paz a la República).
Los hombres que no pueden soportar el yugo suave de la ley, tampoco pueden conformarse con ese orden de cosas, y de aquí procede ese constante empeño de destruir el sistema federativo, sustituyéndolo con el poder absoluto.
Sin goces que nos inspiren amor a la patria, seremos presa del extranjero que quiera sojuzgarnos, extinguiendo nuestra raza, que será suplantada por otra raza.
Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura.
La autoridad no es mi patrimonio, sino un depósito que la nación me ha confiado muy especialmente para sostener su independencia y su honor.
La protección de los animales forma parte esencial de la moral y de la cultura de los pueblos civilizados.
Militares que alguna vez habéis servido bajo las banderas de la tiranía, recordad que vuestra divisa es el honor y la lealtad, y que las armas que la nación ha colocado en vuestras manos sólo debéis empuñarlas para sostener la libertad y sus derechos.
¿Dejaremos que a la Nación se le arrebaten sus instituciones democráticas para someterla a la dominación despótica de un hombre? No, señores.
Siento obligada toda mi gratitud, reconociendo que, para ser elegido de nuevo, no he podido tener más mérito que la lealtad de mis intenciones.
Dios y la sociedad nos han colocado en estos puestos (políticos) para hacer la felicidad de los pueblos y para evitar el mal que les pueda sobrevenir.
Es uno de los principios fundamentales consignados en la Constitución, que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para su beneficio.
Una voluntad firme y constante de hacer el bien superará las más graves dificultades.
¿Permitiremos que se repitan los males cuyas consecuencias deploramos todavía?
Durante los años que he desempeñado el gobierno, en las situaciones prósperas, lo mismo que en las adversas, ha sido el único objeto de todos mis actos, cuidar de los intereses del pueblo y procurar el bien de mi patria.
Todo puede hacerse en bien de la defensa nacional, menos enajenar el territorio.
Nada con la fuerza, todo con el derecho y la razón; se conseguirá la práctica de este principio con solo respetar el derecho ajeno.
Las naciones tienen que luchar hasta salvarse o sucumbir, cuando se intenta ponerlas fuera de la ley común y arrancarles el derecho de existir por sí mismas y regirse por voluntad propia.
Quien no tenga fe en la justicia de su causa, más le vale pasarse al enemigo.
No es sólo la fuerza de las armas la que necesitamos. Necesitamos de otra más eficaz: la fuerza moral que debemos robustecer, procurando al pueblo mejoras positivas, goces y comodidades.
Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar un atentado entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza.
Los déspotas aborrecen la luz y la verdad.
Siempre tuerce los principios el que oscurece la verdad, para ocultar sus faltas en las tinieblas.
La independencia y la libertad, dos grandes bienes sin los cuales todos los demás son tristes y vergonzosos.
A nadie he perseguido por sus opiniones públicas, ni una lágrima se ha derramado por mi causa. La paz es la primera necesidad del pueblo. Pero no hay que confundir indulgencia con debilidad.
La adversidad, diputados ciudadanos, desalienta a nadie más que a los pueblos despreciables.
No hay ayuda sino en defensa, pero puedo asegurarles que ... el Gobierno Imperial no logrará someter a los mexicanos, y sus ejércitos no tendrán un solo día de paz ...
En uso de los amplios poderes con los que he sido investido, he encontrado apropiado declarar que: 1. Sacerdotes de cualquier secta que, abusando de su ministerio, exciten el odio o la falta de respeto por nuestras leyes, nuestro gobierno o sus derechos, serán castigados con tres años de prisión o deportación. 2. Debido a la crisis actual, se suprimen todos los capítulos de la catedral, excepto el de Guadalajara debido a su comportamiento patriótico. 3. A los sacerdotes de todos los cultos se les prohíbe usar sus vestimentas o cualquier otra prenda distintiva fuera de las iglesias ... Todos los infractores serán castigados con multas de diez a cien pesos o prisión de quince a sesenta días.
Hay una cosa más allá del alcance de la perversidad. El inevitable fracaso de la historia, ella nos juzgará.
El gobierno de la república cumplirá con su deber de defender su independencia, repeler la agresión extranjera y aceptar la lucha a la que ha sido provocado, contando con el espíritu unánime de los mexicanos y con el hecho de que tarde o temprano la causa de los derechos y la justicia triunfarán.
El nuestro (pueblo) ha sido ennoblecido por grandes hazañas y estamos lejos de ser despojados de los inmensos obstáculos, materiales y morales, a los que el país se opondrá…
Al aceptar el poder, al ejercerlo he obedecido un precepto y sujetándome a las exigencias de un deber. Lejos, muy lejos de ambicionarlo, he aprovechado y aún buscado la ocasión de que los ciudadanos expresen libremente su voluntad.
Republicano de corazón y por principios, el poder que ejerzo sólo lo emplearé para procurar vuestra felicidad (la del pueblo) y para reprimir el vicio y el crimen, y de ninguna manera para ostentar un necio orgullo, común alimento de las almas pequeñas.
El gobernante no es el hombre que goza y que se prepara un porvenir de dicha y de ventura; es, sí, el primero en el sufrimiento y en el trabajo y la primera víctima que los opresores del pueblo tienen señalada para el sacrificio.
Con la Constitución triunfaremos porque defendemos los intereses de la sociedad y, porque, como he dicho otra vez en este lugar, Dios protege la santa causa de la libertad.
Siempre anhelé como única recompensa de mis afanes durante la lucha, que la Providencia me concediera la satisfacción de presenciar el triunfo del pueblo mexicano y la restauración completa del orden constitucional.
El gobierno ha procurado en los presupuestos, los ahorros compatibles con el buen servicio público y reconoce la necesidad de dictar medidas enérgicas.
Si yo fuera simplemente un particular, o si el poder que ejerzo fuera la obra de algún vergonzoso motín, como sucedía tantas veces antes de que la nación toda sostuviera a su legítimo gobierno, entonces no vacilaría en sacrificar mi posición.
Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me dediqué, hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo.
El día 17 de Diciembre de 1818 y a los 12 años de edad me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de Oaxaca a donde llegue en la noche del mismo día.
En los primeros días me dedique a trabajar en el cuidado de la grana, ganando dos reales diarios para mi subsistencia.
Hablaba yo el idioma español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba el vulgo.
Unos cuantos nomas quedamos sosteniendo aquella casa con nuestra diaria concurrencia a las cátedras.
Muchos de mis compañeros desertaron, espantados por el poderoso enemigo que nos perseguía.
El pago de las obvenciones se regulaba según la voluntad codiciosa de los curas.
El gobierno carecía de los fondos suficientes para hacer la defensa y era preciso que el congreso le facilitará los medios de adquirirlos.
Se hacía conmigo lo que el lobo de la fábula hacía con el cordero cuando le decía que enturbiaba su agua.
Asi como tambien habia muchos que aparecían en el partido liberal como los más acérrimos defensores de los principios de la revolución, pero que después que cometido las más vergonzosas defecciones pasándose a las filas de los retrógrados y de los traidores a la patria.
Sé constante en el estudio y harás de la patria un lugar mejor.
Hidalgo enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobiernan contra la voluntad de los pueblos.
La patria siempre tiene la razón.
La emisión de las ideas es libre.
Mi único fin es generar prosperidad.
Malditos aquellos que con palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan.
La democracia es nuestro destino.
Los principios lo son todo.
La deshonra es perseverar en nuestro error.
Respetemos los derechos de los demás.